Moonlighter 2: The Endless Vault amplía y refina la fórmula del original con una estructura de roguelite sorprendentemente adictiva y bien cohesionada. La propuesta vuelve a girar en torno a Will, mercante de día y aventurero de noche, cuya rutina define un bucle de juego sólido: explorar mazmorras, recolectar botín, venderlo en la tienda y reinvertir las ganancias en mejoras personales y en el crecimiento del poblado de Tresna. Esta progresión, respaldada por una justificación narrativa clara, ofrece una sensación constante de avance que va más allá de cada incursión individual.

El sistema de exploración y combate resulta más exigente de lo que su estética chibi podría sugerir. Los calabozos están llenos de enemigos variados, minibosses y jefes con patrones bien definidos, obligando al jugador a dominar esquivas, bloqueos y el uso específico de cada arma. A esto se suma una gestión del botín más profunda de lo habitual, gracias a un inventario tipo Tetris y a objetos con sinergias que premian la planificación cuidadosa durante cada expedición.





La otra cara de la experiencia, la gestión de la tienda, es sorprendentemente frenética y estratégica. Fijar precios, reaccionar al comportamiento de los clientes y aprovechar mejoras temporales o permanentes convierte cada jornada de ventas en un pequeño desafío táctico, capaz de generar enormes beneficios si se domina el sistema. Esta dualidad entre combate y comercio es uno de los mayores aciertos del diseño.
El salto del pixel art al 3D, aunque polémico para algunos, se percibe como una evolución lógica: mejora la legibilidad en las fases más caóticas y dota al conjunto de una identidad visual más clara y moderna, sin perder encanto. A nivel técnico y artístico, Moonlighter 2 se muestra sorprendentemente pulido pese a su condición de early access, con un apartado audiovisual sólido y una estructura ya muy cercana a una versión final.