Scott Pilgrim se ha convertido con el tiempo en un auténtico fenómeno cultural. Nacido a partir de la serie de novelas gráficas creada por Bryan Lee O’Malley en plena efervescencia de los años 2000, la historia se transformó rápidamente en una especie de carta de amor a la cultura pop de aquella década. Con un desarrollo de personajes muy sólido y una avalancha de referencias a videojuegos, cómics, música y cine, la obra logró capturar el espíritu de una generación marcada por la estética retro y el humor autorreferencial. Su popularidad dio pie a un pequeño universo multimedia que comenzó con la adaptación cinematográfica dirigida por Edgar Wright, Scott Pilgrim vs. the World, y continuó con distintos proyectos que expandieron el mundo del personaje, incluyendo el videojuego Scott Pilgrim vs. the World: The Game desarrollado por Ubisoft y, más recientemente, la serie animada Scott Pilgrim Takes Off producida por Netflix.

Tras el buen recibimiento del anime, la franquicia vuelve a dar el salto al videojuego con Scott Pilgrim EX, un nuevo título desarrollado por Tribute Games, estudio que ya ha demostrado su talento dentro del género beat ’em up con propuestas como Teenage Mutant Ninja Turtles: Shredder’s Revenge. En esta ocasión, el equipo retoma el universo de Scott para ofrecer una experiencia que respeta las bases del género mientras introduce algunas ideas propias que le dan una identidad particular dentro de los lanzamientos modernos. Como era de esperarse, Scott Pilgrim EX se presenta como un beat ’em up clásico centrado en el combate directo. Desde el primer momento el juego deja claro que la acción será el eje principal de la experiencia, apostando por enfrentamientos constantes donde los golpes básicos, ataques fuertes y agarres forman la base del sistema de combate. Puede que para los veteranos del género muchas de estas mecánicas resulten familiares, pero el juego logra que todo funcione con fluidez, generando combates caóticos y dinámicos que capturan muy bien la esencia del estilo.

A estas mecánicas se suma una gran cantidad de armas repartidas por los escenarios. Objetos improvisados, herramientas o artefactos extravagantes pueden recogerse y utilizarse para atacar o lanzarse contra los enemigos, generando a menudo reacciones en cadena bastante divertidas. En algunas situaciones estos impactos provocan efectos dominó en los que los enemigos chocan con otros objetos o rivales, creando momentos impredecibles que pueden salvar al jugador en situaciones complicadas… o volverse en su contra si el caos se descontrola. Otro de los elementos llamativos es el sistema de asistencias y ataques especiales, que permite invocar a diversos personajes secundarios del universo de Scott Pilgrim para ejecutar movimientos únicos o proporcionar bonificaciones temporales. Esta mecánica funciona como una forma ingeniosa de integrar a buena parte del elenco de la franquicia dentro del juego, incluso si no todos son personajes jugables. Aun así, el plantel principal tampoco se queda corto: el juego ofrece siete luchadores diferentes, incluyendo al propio Scott, Ramona Flowers y algunos de sus famosos exnovios, como Matthew Patel o Lucas Lee, además del carismático Robot-01. Cada uno posee habilidades distintas, lo que aporta variedad al combate y anima a experimentar con diferentes estilos.

El juego puede disfrutarse en solitario, pero es evidente que gran parte de su diseño está pensado para el modo cooperativo. Hasta cuatro jugadores pueden unirse a la partida simultáneamente, multiplicando el caos en pantalla y reforzando el espíritu festivo que caracteriza al título. De hecho, en ciertos momentos la dificultad puede resultar algo exigente cuando se juega en solitario, lo que refuerza la sensación de que la experiencia está pensada principalmente para compartirse con amigos. Uno de los aspectos más interesantes del juego es su enfoque casi celebratorio de la franquicia. Scott Pilgrim EX está repleto de personajes, referencias y guiños a distintos momentos de la saga, algo que recuerda un poco a la forma en que Super Smash Bros. reúne elementos de múltiples universos en un mismo espacio. Sin embargo, aquí todo se integra con naturalidad dentro de la Toronto ficticia del juego, evitando que el fanservice se sienta forzado.

A nivel estructural, el título introduce una pequeña variación respecto a muchos beat ’em up tradicionales. En lugar de avanzar únicamente por niveles lineales, el juego presenta un mapa abierto que permite desplazarse por distintas zonas de la ciudad mientras se completan objetivos, combates y minijuegos opcionales. Este enfoque añade un componente de exploración que ayuda a diversificar la experiencia, aunque algunas de estas actividades secundarias terminan girando siempre en torno al combate. El componente RPG también hace acto de presencia, recuperando algunas ideas del primer videojuego de la franquicia. Los jugadores pueden equipar accesorios que mejoran atributos, desbloquear nuevas asistencias o comprar objetos consumibles que restauran energía y proporcionan mejoras temporales. Esta progresión anima a gastar el dinero obtenido durante las misiones para fortalecer al personaje, generando un pequeño ciclo de crecimiento que se integra bien con el ritmo del juego.

A pesar de la repetición inherente al género, el juego logra mantenerse entretenido gracias a la variedad de enemigos y situaciones. Cada tipo de rival presenta comportamientos distintos que obligan a adaptar la estrategia, mientras que diferentes facciones —como veganos, demonios o robots— dominan determinadas zonas de la ciudad y utilizan estilos de combate particulares. A esto se suma una amplia cantidad de armas y objetos arrojadizos que mantienen los enfrentamientos dinámicos. Los jefes finales representan otro de los puntos fuertes del juego. Numerosos, variados y bastante exigentes, estos enfrentamientos suelen exigir algo más que simplemente presionar botones sin pensar. Algunos presentan patrones de ataque complejos y obligan al jugador a reaccionar con mayor precisión, aportando un nivel de desafío adicional dentro de un género que muchas veces se caracteriza por su sencillez.

En el apartado narrativo, el juego presenta una historia original escrita por el propio Bryan Lee O’Malley. Aunque se describe como una especie de continuación no oficial del anime, la trama funciona de manera independiente y se toma ciertas libertades con la cronología de la franquicia. El resultado es una historia ligera y bastante caótica —en el buen sentido— que juega con los conceptos del universo de Scott Pilgrim sin intentar convertirse en una gran epopeya narrativa. Esto también implica que el juego asume que el jugador ya conoce la obra original. Muchas referencias, situaciones y personajes aparecen sin demasiada explicación, lo que puede resultar confuso para quienes no estén familiarizados con la franquicia. En ese sentido, la narrativa funciona más como una celebración del universo de Scott Pilgrim que como un punto de entrada para nuevos jugadores.
Visualmente, el juego apuesta por un estilo pixel art muy llamativo que logra trasladar con acierto la estética de las novelas gráficas a un formato interactivo. Los personajes están llenos de expresividad y los efectos visuales aportan un tono exagerado y colorido a los combates. Los escenarios, por su parte, muestran una sorprendente variedad: aunque la acción sigue desarrollándose en Toronto, los eventos de la historia llevan a los personajes a lugares tan extraños como castillos góticos infestados de vampiros, fábricas de robots o paisajes congelados que parecen sacados de otra dimensión. En el apartado sonoro destaca nuevamente la participación de Anamanaguchi, grupo que ya había trabajado en el primer videojuego de la franquicia. Su mezcla de rock con sonidos inspirados en chips de consolas clásicas vuelve a encajar perfectamente con el tono del juego, ofreciendo una banda sonora energética que acompaña muy bien el ritmo frenético de los combates.