Legacy of Kain: Ascendance se presenta como un intento de expandir el universo de la saga a través de un enfoque en 2D, apostando por una estructura de plataformas y acción que, si bien resulta funcional, no logra destacar dentro del género. Situado cronológicamente antes de Soul Reaver, el juego introduce una narrativa que alterna entre varios personajes clave, incluyendo a Raziel, Kain y una figura menos explorada hasta ahora: su hermana Elaleth. Esta última aporta un conflicto interesante, impulsado por su sed de venganza y una maldición que la obliga a desplazarse en el tiempo, generando un punto de partida narrativo con potencial. Uno de los aspectos más sólidos del juego es precisamente su construcción narrativa.

La historia se apoya en diálogos, documentos y secuencias que enriquecen el trasfondo, logrando captar la esencia oscura y densa característica de la franquicia. La interpretación de voces contribuye notablemente a este apartado, elevando el peso de las escenas y convirtiéndose en uno de los principales atractivos de la experiencia. Sin embargo, este esfuerzo contrasta con un desarrollo jugable que no alcanza el mismo nivel de interés. En lo jugable, la propuesta se basa en mecánicas bastante tradicionales: desplazamiento lateral, combates simples y resolución de secciones de plataformas. Cada personaje introduce ligeras variaciones en habilidades, como el planeo de Elaleth o la movilidad especial de Kain, pero estas diferencias no son suficientes para transformar significativamente la experiencia.

El combate, por su parte, resulta limitado y repetitivo, con enemigos que rara vez suponen un verdadero desafío más allá de su número. Esto deriva en enfrentamientos poco dinámicos, donde el sistema de bloqueo y contraataque termina siendo la estrategia dominante. A estos problemas se suma una sensación general de falta de precisión en los controles. Las imprecisiones al saltar o interactuar con el entorno afectan directamente al ritmo del juego, generando frustración en situaciones que deberían depender de la habilidad del jugador. Esta falta de pulido también se percibe en el diseño de niveles, donde la linealidad es evidente y la exploración, aunque presente, no resulta especialmente gratificante.

La búsqueda de secretos se ve entorpecida por decisiones poco claras, como la dificultad para distinguir caminos seguros de zonas mortales. El sistema de progresión tampoco termina de convencer. La estructura por capítulos, combinada con la pérdida de progreso al salir del juego, obliga a completar secciones enteras en una sola sesión, lo que puede resultar poco práctico. Aunque los puntos de control están bien distribuidos dentro de cada nivel, ciertas situaciones pueden provocar retrocesos innecesarios, afectando la fluidez de la experiencia. En el apartado audiovisual, el juego apuesta por una estética pixelada con claras influencias de títulos clásicos, complementada con ilustraciones en los diálogos y escenas que evocan estilos más antiguos.
Esta mezcla resulta interesante y coherente con la identidad de la saga, aunque no siempre será del gusto de todos. La banda sonora, pese a su calidad, presenta un uso poco equilibrado, con composiciones que en ocasiones resultan excesivas para las situaciones que acompañan, rompiendo la coherencia tonal en determinados momentos.