Beast of Reincarnation nos lleva a un Japón muy distinto al que conocemos. Han pasado dos mil años y la humanidad apenas sobrevive en pequeñas comunidades, mientras la naturaleza ha recuperado buena parte de un mundo que alguna vez estuvo dominado por nosotros. Entre edificios abandonados, vías de tren cubiertas por la vegetación y enormes estructuras en ruinas, Emma emprende un viaje para enfrentarse a una amenaza que regresa cada siglo: la llamada Bestia de la Reencarnación. La premisa resulta interesante y el mundo tiene suficiente personalidad para despertar curiosidad. Hay una sensación constante de estar recorriendo los restos de una civilización desaparecida, y el contraste entre los paisajes naturales y las ruinas funciona especialmente bien. Sin embargo, la historia termina siendo uno de los puntos más débiles de la experiencia. Aunque presenta conceptos interesantes y algunos misterios que invitan a seguir avanzando, el desarrollo es bastante irregular y los personajes no consiguen alcanzar la profundidad necesaria para que sus conflictos tengan demasiado peso.

Donde Beast of Reincarnation realmente destaca es en el combate. Emma cuenta con un sistema de lucha rápido y muy centrado en la precisión, donde aprender a bloquear y esquivar los ataques enemigos resulta fundamental. Los parries perfectos no solo sirven para sobrevivir, sino que también permiten acumular recursos con los que podemos utilizar las habilidades especiales de Kuu, nuestro enorme compañero canino. Y precisamente Kuu es una de las mejores ideas del juego. El perro combate por su cuenta, pero nosotros podemos decidir cuándo utilizar sus distintas habilidades especiales, algunas de ellas capaces de aplicar efectos elementales o alterar las condiciones de los enemigos. A esto se suman las armas a distancia, las habilidades de Emma y un sistema de progresión que permite ir ampliando nuestras posibilidades conforme avanzamos.

El problema es que el juego muestra prácticamente todas sus cartas demasiado pronto. La variedad de enemigos es bastante limitada y, aunque algunos enfrentamientos contra los jefes son divertidos, la fórmula termina resultando predecible después de varias horas. El equipamiento tampoco aporta demasiada profundidad, ya que muchas mejoras se sienten más como pequeños ajustes que como cambios capaces de transformar nuestra forma de jugar. La exploración tampoco termina de estar a la altura del mundo que se ha construido. Los escenarios son amplios, verticales y visualmente atractivos, pero recorrerlos no siempre resulta demasiado gratificante. Faltan recompensas realmente interesantes y actividades secundarias que nos animen a desviarnos del camino principal. Incluso el propio vehículo que funciona como punto de encuentro entre las distintas zonas podría haber tenido mucho más protagonismo.
Visualmente, sin ser una superproducción, Beast of Reincarnation consigue ofrecer escenarios bastante llamativos. La combinación de naturaleza, ruinas y estructuras abandonadas crea algunas postales realmente bonitas, mientras que los Nushi tienen diseños que recuerdan al particular talento de Game Freak para crear criaturas llamativas, aunque aquí con un aspecto mucho más oscuro y agresivo. En cambio, las escenas narrativas son bastante menos convincentes. Las animaciones de los personajes pueden sentirse rígidas y la dirección no siempre consigue transmitir la importancia de lo que está sucediendo. Esto termina perjudicando todavía más una historia que ya tenía dificultades para mantener el interés. Técnicamente, eso sí, el rendimiento resulta sólido en PS5, especialmente priorizando la fluidez.