Dimhaven: The Lost Source es una aventura de puzzles claramente inspirada en clásicos como Myst, donde la exploración, la observación y la resolución de enigmas son los pilares de la experiencia. Desarrollado por Zadbox, el estudio detrás de Quern, el juego presenta una isla misteriosa llena de instalaciones abandonadas, maquinaria extraña y secretos que invitan constantemente a investigar qué ocurrió allí. Es una propuesta con bastante personalidad, aunque también deja la sensación de que estamos ante una aventura que podría haber sido mucho más grande y ambiciosa. Uno de sus mayores aciertos es precisamente su apartado visual. La isla de Dimhaven tiene una identidad muy particular, con una estética pixelizada y efectos que buscan darle un aspecto casi de mundo construido con vóxeles. Aunque este tratamiento visual puede resultar discutible y en ocasiones hace que algunos elementos sean difíciles de distinguir, los escenarios están muy bien diseñados. Hay edificios, laboratorios, maquinaria, puentes y estructuras que constantemente despiertan la curiosidad y hacen pensar que detrás de cada rincón puede haber algo por descubrir.

Y ese es precisamente uno de los aspectos más curiosos del juego: Dimhaven parece mucho más grande de lo que realmente es. Desde determinados puntos podemos observar otras zonas de la isla, caminos, edificios y estructuras que parecen estar esperando a ser explorados. Sin embargo, buena parte de estos lugares terminan funcionando simplemente como decoración. El mundo transmite la sensación de que existe una aventura mucho más extensa detrás de lo que finalmente podemos recorrer, algo que resulta especialmente evidente conforme avanzamos. La exploración es mucho más interesante durante las primeras horas. El comienzo permite cierta libertad para recorrer los alrededores, encontrar objetos y descubrir pequeños secretos antes de que el juego empiece a encadenar prácticamente una serie de puzzles detrás de otro. A partir de ahí, la sensación de aventura y descubrimiento disminuye considerablemente, porque casi todo lo que encontramos está relacionado con algún mecanismo, código o sistema que debemos resolver para continuar.

Los puzzles son, sin duda, el corazón de Dimhaven. Y aquí encontramos una experiencia bastante exigente. Algunos acertijos están muy bien diseñados y producen esa maravillosa sensación de “¡claro, era eso!” cuando finalmente entiendes la solución. El juego requiere observar cuidadosamente el entorno, tomar notas, relacionar información y, en determinados momentos, incluso utilizar conceptos matemáticos o nociones básicas de sistemas binarios. Para los aficionados al género, esto puede ser precisamente lo que estaban buscando. El problema es que no todos los puzzles resultan igual de satisfactorios. Algunos parecen más complicados de lo necesario, acumulando símbolos, mecanismos, documentos y pasos intermedios sin que eso necesariamente los convierta en mejores acertijos. En ciertos momentos la reacción al resolver un puzzle no es tanto “qué buena solución” como “por fin terminé con esto”. La dificultad por sí sola no siempre equivale a profundidad, y Dimhaven ocasionalmente confunde ambas cosas.

También existe una cierta repetición temática. Buena parte de los enigmas giran alrededor de sistemas eléctricos, generadores, fusibles, cables, interruptores, voltajes y diferentes tipos de maquinaria. Resolver un sistema de energía resulta interesante la primera vez; hacerlo nuevamente en otra localización puede seguir funcionando, pero cuando empiezas a encontrar variaciones del mismo concepto una y otra vez, la sensación de descubrimiento comienza a desaparecer. Esto es una lástima porque el propio escenario ofrece muchísimas posibilidades. Un pueblo podría haber tenido puzzles relacionados con su historia, un observatorio podría haber utilizado astronomía, un puerto podría haber presentado desafíos relacionados con navegación o mareas y determinados edificios podrían haber contado con mecánicas completamente diferentes. En cambio, varias zonas terminan sintiéndose como diferentes lugares donde debemos reparar otra complicada instalación. El juego intenta compensar la dificultad mediante un sistema de pistas integrado en el propio cuaderno. Es una decisión bastante acertada, porque algunas soluciones pueden mantenerte bloqueado durante bastante tiempo.

Las pistas están estructuradas en diferentes niveles para evitar revelar inmediatamente la respuesta, por lo que es posible obtener una pequeña orientación y continuar pensando por cuenta propia. Es una alternativa mucho mejor que abandonar el juego inmediatamente para buscar una guía. La cámara y el sistema de fotografía también aportan personalidad a la aventura. El protagonista cuenta con una cámara y un cuaderno que sirven tanto para registrar información como para avanzar en determinados desafíos. Estas herramientas ayudan a reforzar la sensación de estar investigando un lugar desconocido, aunque su integración podría haberse aprovechado todavía más. En cuanto a la historia, aquí es donde Dimhaven resulta considerablemente más irregular. El concepto inicial es interesante y existen suficientes misterios como para mantener la curiosidad, pero la narrativa no consigue alcanzar la profundidad que tenía Quern. Algunos personajes parecen poco desarrollados y determinadas decisiones o acontecimientos no reciben una explicación suficientemente convincente. La historia de Zack, Kalman Vosh y los demás personajes parece apuntar hacia algo mucho más elaborado de lo que finalmente se desarrolla.

También se percibe cierta falta de contenido en comparación con lo que inicialmente parecía prometer. El propio material promocional mostraba algunas situaciones, escenarios y puzzles que finalmente no tienen una presencia equivalente en la versión completa. Esto ayuda a explicar por qué determinados elementos de la historia se sienten incompletos y por qué algunas partes del mundo parecen estar preparadas para algo que nunca llega. Afortunadamente, los problemas técnicos iniciales no parecen representar actualmente un inconveniente importante. El lanzamiento tuvo varios bugs y problemas de rendimiento, pero buena parte de ellos fueron corregidos rápidamente mediante actualizaciones. Esto es importante porque algunos de esos errores podían hacer pensar que determinadas partes del juego estaban rotas cuando, en realidad, simplemente necesitaban una corrección.
La duración también es uno de los puntos más difíciles de valorar. Dependiendo de la habilidad del jugador y de cuánto tiempo tarde en resolver los acertijos, Dimhaven puede terminarse en unas pocas horas o extenderse considerablemente más. Para un jugador acostumbrado a este tipo de aventuras, la experiencia puede resultar bastante corta, especialmente teniendo en cuenta que el mundo transmite la sensación de esconder mucho más contenido del que realmente ofrece. Y precisamente por eso existe una contradicción interesante con Dimhaven. Como juego de puzzles, funciona bastante bien. Como aventura y mundo para explorar, deja muchísimo potencial sobre la mesa. Si eliminas la frustración de algunos acertijos y simplemente recorres la isla con una guía cuando es necesario, aparece una experiencia atmosférica bastante agradable, con escenarios interesantes y una identidad visual muy marcada. El problema es que recurrir constantemente a una guía también significa quitarle al juego una parte fundamental de aquello que pretende ofrecer.