Denshattack! es una de esas propuestas que consigue llamar la atención desde el primer momento gracias a una identidad visual muy marcada y una idea jugable que se siente diferente dentro del panorama actual. Su estética recuerda inevitablemente a algunos de los grandes clásicos del estilo cel-shading, pero no se limita a vivir de esa inspiración. La verdadera personalidad del juego aparece cuando combina velocidad, plataformas y acrobacias sobre trenes en una experiencia arcade que apuesta por ofrecer algo poco habitual y sorprendentemente fresco. La historia funciona principalmente como un punto de partida para justificar la aventura. El juego nos sitúa en un Japón transformado por una grave crisis climática, donde las antiguas líneas ferroviarias abandonadas se han convertido en el escenario de competiciones clandestinas entre distintas bandas. La protagonista, Emi Araki, descubre por casualidad este peculiar mundo mientras realiza una entrega rutinaria y termina participando en un torneo donde la habilidad para dominar el tren será la única forma de abrirse camino entre sus rivales.

Aunque la narrativa cumple correctamente su función y ayuda a dar contexto a los escenarios, nunca se convierte en el verdadero centro de la experiencia. El desarrollo argumental introduce distintos rivales y enfrentamientos que sirven para marcar el progreso del jugador, incluyendo combates contra jefes que representan a las diferentes facciones. Sin embargo, la historia apuesta por una estructura bastante sencilla y predecible, priorizando claramente la acción y el ritmo de la jugabilidad antes que la profundidad de sus personajes o sus conflictos. Es un complemento agradable, aunque deja la sensación de que podría haber ofrecido algo más elaborado. Donde Denshattack! realmente destaca es en su sistema de juego. El control del tren resulta mucho más dinámico de lo que podría parecer inicialmente. Aunque el recorrido está guiado por las vías, el jugador puede cambiar entre distintos raíles, enlazar saltos y ejecutar una gran variedad de acrobacias mientras mantiene la velocidad.

Cada maniobra realizada con éxito contribuye a obtener ventajas durante la carrera, incentivando un estilo de juego donde la precisión y el espectáculo van de la mano. La conducción no consiste únicamente en avanzar a toda velocidad. El diseño de los circuitos obliga a reaccionar constantemente ante obstáculos, curvas cerradas y situaciones inesperadas que requieren dominar tanto el derrape como el equilibrio del vehículo. Además, cada escenario introduce mecánicas propias que modifican la forma de afrontar el recorrido y consiguen que las carreras mantengan una sensación constante de variedad. El juego evita caer en la repetición gracias a estas pequeñas ideas que aparecen de forma progresiva y aportan personalidad a cada nivel. Otro aspecto muy positivo es su accesibilidad. La presencia de numerosos puntos de control reduce considerablemente la frustración y permite repetir rápidamente cualquier sección complicada sin castigar en exceso al jugador. Esto facilita aprender el trazado de cada circuito y anima a perfeccionar la ejecución poco a poco.

El verdadero objetivo no es simplemente llegar a la meta, sino regresar una y otra vez para mejorar el rendimiento y conseguir puntuaciones cada vez más altas, una filosofía muy propia de los mejores juegos arcade. La curva de dificultad está muy bien equilibrada. Las primeras fases sirven para familiarizarse con las mecánicas básicas, mientras que los desafíos posteriores aumentan progresivamente la exigencia sin llegar a sentirse injustos. Esta evolución natural hace que incluso quienes no estén acostumbrados a este tipo de propuestas puedan adaptarse con relativa facilidad y disfrutar de la experiencia sin sentirse constantemente penalizados. En el apartado artístico, Denshattack! ofrece escenarios muy variados inspirados en diferentes regiones de Japón. Cada localización presenta elementos propios que ayudan a diferenciar claramente unas zonas de otras, evitando que el viaje pierda frescura con el paso de las horas. Tanto las grandes ciudades como los paisajes rurales cuentan con una dirección artística muy cuidada que combina perfectamente con el estilo anime de los personajes, reforzando la identidad visual del juego.
La banda sonora merece una mención especial. Cada tema acompaña con enorme acierto el ritmo frenético de las carreras y consigue potenciar la sensación de velocidad durante toda la aventura. La música se convierte en uno de los pilares fundamentales de la experiencia, aportando una energía constante que encaja perfectamente con la naturaleza arcade del título y elevando muchos de sus mejores momentos. En el aspecto técnico, el rendimiento se mantiene muy sólido durante toda la partida. La fluidez permite disfrutar plenamente de una jugabilidad que depende en gran medida de la precisión de los controles, mientras que los problemas técnicos son escasos y apenas afectan al desarrollo de la aventura. Más allá de algún fallo puntual y de ciertos escenarios que reutilizan algunas ideas visuales con demasiada frecuencia, el conjunto ofrece un nivel bastante pulido.