Halo: Campaign Evolved demuestra que una campaña con más de dos décadas a sus espaldas todavía puede sentirse fresca cuando se moderniza con criterio. La aventura de Master Chief y Cortana mantiene intacta su esencia, pero incorpora suficientes cambios para que incluso quienes conocen el recorrido de memoria encuentren motivos para volver. El ritmo sigue siendo uno de sus mayores aciertos, alternando grandes enfrentamientos, combates en espacios cerrados, vehículos y momentos de exploración sin dejar que la campaña caiga demasiado tiempo en la misma fórmula.

La actualización del gameplay es probablemente lo que más se agradece. El movimiento es más ágil, el control responde mejor y el arsenal se amplía con armas y posibilidades que la saga fue incorporando con los años. También se han ajustado elementos como el uso de habilidades defensivas, la distribución de enemigos y el comportamiento de los Marines, haciendo que los enfrentamientos resulten menos predecibles. No se trata de convertirlo en un shooter completamente diferente, sino de eliminar buena parte de la rigidez que podía sentirse en una experiencia de principios de los 2000. Y lo consigue sin sacrificar el excelente gunplay que caracteriza a Halo.

Visualmente, el salto es enorme. Los escenarios conservan su identidad, pero ahora lucen mucho más detallados, con iluminación, efectos, modelos y entornos que consiguen transmitir mejor la escala del anillo. Las escenas narrativas también ganan bastante gracias a una presentación más cinematográfica, algo especialmente importante porque la historia, aunque sigue funcionando, inevitablemente ha perdido parte de su capacidad de sorprender después de tantos años.

Uno de los puntos más interesantes es que el remake no se limita a mejorar gráficos y controles. Algunas zonas han sido modificadas para funcionar mejor en cooperativo y existen suficientes cambios en los encuentros como para evitar que conocer la campaña original signifique tener todas las batallas resueltas de antemano. A esto se suman las nuevas misiones centradas en acontecimientos previos a la historia principal. No están al mismo nivel que la campaña original y difícilmente pueden considerarse un capítulo imprescindible, pero funcionan como contenido adicional agradable para quienes quieran pasar más tiempo dentro de este universo.

La rejugabilidad también está bien planteada gracias a los diferentes niveles de dificultad, la cooperación para hasta cuatro jugadores y un amplio sistema de modificaciones mediante calaveras. Estas pueden alterar considerablemente las reglas de la campaña, desde cambiar el comportamiento de los enemigos hasta modificar armas, recursos o incluso la perspectiva. Es un buen incentivo para volver a recorrer misiones que, de otra manera, podrían quedarse en una experiencia de una sola partida.
Eso sí, el proyecto no está completamente libre de decisiones cuestionables. Algunas conductas de la inteligencia artificial todavía recuerdan demasiado al diseño original y existen momentos en los que se nota que determinadas estructuras de las misiones fueron creadas hace muchos años. También se echa en falta un componente competitivo que habría aprovechado especialmente bien este renovado sistema de combate. La cooperación compensa parcialmente esa ausencia, pero no deja de sentirse como una oportunidad perdida.