Review – PIGFACE

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PIGFACE es uno de esos juegos de acceso anticipado que dejan una sensación clara: lo que hay ahora es poco, pero el potencial es enorme. En su estado actual puede completarse muy rápido, lo que complica recomendarlo a quienes buscan una experiencia larga o desafiante desde el primer día. Aun así, resulta difícil ignorar lo bien construidos que están sus cimientos. El juego brilla especialmente en esos momentos de puro caos improvisado, cuando te quedas sin munición o curación y debes adaptarte sobre la marcha, recoger lo que encuentras y salir con vida como puedas. En esos instantes, PIGFACE se siente como una especie de Hotline Miami en 3D: rápido, violento y muy físico. El problema es que, tal como está ahora, el propio sistema permite neutralizar casi cualquier reto si el jugador no se autoimpone límites.

El dinero llega con facilidad, el equipo avanzado se desbloquea rápido y algunas combinaciones —armadura corporal, pistolas con silenciador y mira— reducen la dificultad de forma drástica. La mayor debilidad del juego, más allá de la falta de contenido, es precisamente el balance. El sigilo funciona de forma irregular y, en muchos casos, resulta excesivamente poderoso. Los enemigos hacen poco daño, la munición abunda y puedes cargar varios objetos de curación sin apenas consecuencias, lo que invita a avanzar de frente sin pensar demasiado. Todo apunta a que esto será ajustado con el tiempo, pero quienes entren esperando una experiencia tan exigente como sus claras influencias podrían salir decepcionados por ahora.

Actualmente, el contenido es limitado: unas pocas localizaciones, incluyendo el tutorial, que se rejuegan para desbloquear armas, máscaras y equipamiento. Las máscaras son uno de los sistemas más interesantes, ya que actúan como modificadores de jugabilidad, alterando estadísticas o reglas básicas. Para sacarle verdadero partido al juego es necesario repetir misiones con distintas armas, rutas y estilos: sigilo total, tiroteos ruidosos, trampas explosivas o combate cuerpo a cuerpo. La estructura es simple, pero muy flexible, y favorece la experimentación. En lo mecánico, PIGFACE funciona sorprendentemente bien. El disparo se siente sólido, la ausencia de retícula obliga a apuntar mejor y el uso de miras láser resulta más satisfactorio de lo esperado. El movimiento es fluido, los mapas están bien diseñados y rara vez generan confusión o bloqueos. Las armas —incluidas minas y explosivos— transmiten muy buenas sensaciones, y no se tarda mucho en dominar el control.

Técnicamente, el juego es estable: no hay bugs graves ni cierres inesperados, algo muy valorable en Early Access. Donde el juego realmente se luce es en su presentación. La estética sucia, cruda y deliberadamente incómoda remite directamente a la era PS2, con una inspiración evidente en títulos como Manhunt. Todo se siente artesanal: modelos simples pero con identidad, filtros VHS, menús minimalistas y una interfaz que refuerza esa sensación de estar viendo algo prohibido, casi como un video encontrado en un callejón oscuro. El sonido es otro punto altísimo: cada golpe, cada disparo y cada impacto cuerpo a cuerpo es brutalmente satisfactorio, y la música que entra en combate es pura energía caótica.

Narrativamente, PIGFACE apenas insinúa su historia. Controlamos a Exit, una mujer violenta y perturbada, obligada a cumplir misiones bajo órdenes misteriosas, con una bomba implantada en la cabeza. Hay llamadas telefónicas, cinemáticas breves y notas dispersas que construyen el mundo poco a poco, pero todavía no hay suficiente material como para profundizar demasiado. Aun así, el tono es sugerente, y ciertos elementos —como el filtro VHS— parecen tener un peso narrativo mayor de lo que aparentan. Las misiones siguen una fórmula clara: eliminar un objetivo prioritario, encontrar o destruir objetos clave, o simplemente matar a todos. Los objetivos opcionales otorgan más dinero, pero dada la escasez de contenido actual, lo normal es completarlos todos sin demasiado esfuerzo.

De cara al futuro, el juego ganaría mucho si se introdujeran modificadores de dificultad o nuevos objetivos desbloqueables al repetir misiones, para incentivar la rejugabilidad más allá del equipo. La IA enemiga es inconsistente: a veces detecta al jugador desde distancias absurdas, y otras parece olvidar su presencia en segundos. Los enemigos cuerpo a cuerpo son casi irrelevantes, mientras que los que usan armas —especialmente francotiradores— pueden resultar letales si no se les prioriza. Todo esto contribuye a una sensación de poder constante que resulta divertida, pero que reduce la tensión.

CONCLUSIÓN

PIGFACE es un juego que, hoy por hoy, se siente incompleto y demasiado fácil, pero también increíblemente prometedor. Su ambientación, sonido y base jugable son excelentes, y aunque fue lanzado antes de tiempo, deja claro que hay una visión sólida detrás. No es una compra imprescindible si buscas contenido o desafío inmediato, pero sí una apuesta interesante para apoyar su desarrollo y asegurarte un precio reducido. Si el balance mejora y el contenido crece como se promete, podría convertirse en una experiencia realmente destacada dentro del género.

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