El universo de Warhammer 40,000 y los shooters clásicos forman una combinación que ya demostró tener bastante potencial, y Boltgun 2 busca aprovechar esa fórmula con una nueva aventura protagonizada por Malum Caedo. Esta vez no estará solo: Nyra Veyrath, una guerrera perteneciente a las Hermanas de Batalla, se incorpora como segundo personaje jugable, mientras que la amenaza del Caos se amplía para incluir a sus cuatro grandes dioses. La secuela retoma los acontecimientos después del primer título y conserva su enfoque de acción rápida, grandes cantidades de enemigos y armamento devastador. La propuesta entiende muy bien qué hace atractivo a un shooter de inspiración clásica, aunque sus novedades no siempre consiguen desarrollarse con la profundidad esperada.

La historia gira alrededor de Vashtorr, un semidiós demoníaco que destruye una flota imperial y obliga a Malum y Nyra a perseguirlo a través de un sistema estelar. El argumento funciona principalmente como una excusa para encadenar enfrentamientos contra las fuerzas del Caos, por lo que no debemos esperar una narración especialmente elaborada. Aunque existe bastante información relacionada con el universo y sus personajes, las secuencias animadas de estilo pixelado pueden resultar difíciles de interpretar, especialmente para quienes no conocen demasiado la mitología de Warhammer. El cráneo servitor que acompaña al jugador ofrece comentarios durante los escenarios y funciona como un pequeño apoyo para comprender mejor lo que sucede. La historia cumple con su función de dar contexto a la acción, pero queda claramente en segundo plano frente a la eliminación constante de enemigos.

La incorporación de Nyra es la principal novedad jugable. Como integrante de las Hermanas de Batalla, cuenta con un arsenal propio que introduce algunas posibilidades diferentes a las de Malum. Entre sus herramientas destacan una bomba Melta, una espada de energía y el Condemnor Stakethrower, una ballesta capaz de atravesar enemigos, causar un daño considerable y empujarlos hacia atrás. También dispone de movimientos adicionales, como deslizarse y ralentizar momentáneamente la acción. Malum, por su parte, conserva una experiencia muy cercana a la del primer juego. El problema es que las diferencias entre ambos personajes no parecen tan profundas como cabría esperar, y buena parte de la campaña se desarrolla prácticamente de la misma manera sin importar a quién elijamos. La posibilidad de alternar entre dos protagonistas es bienvenida, pero su impacto sobre la experiencia termina siendo limitado.

En cuanto a la acción, Boltgun 2 mantiene un ritmo extremadamente rápido. El desplazamiento por los escenarios es ágil y las armas ofrecen sensaciones diferentes, desde las pistolas hasta los lanzallamas y las armas pesadas. Sin embargo, el impacto de los disparos podría sentirse con mayor contundencia, ya que el registro de los impactos no siempre transmite toda la fuerza que cabría esperar de un arsenal tan destructivo. A pesar de ello, los enfrentamientos conservan el atractivo de los shooters clásicos, donde avanzar, esquivar y utilizar el arma adecuada resulta fundamental para sobrevivir. La variedad del arsenal y la velocidad de los movimientos sostienen una experiencia entretenida, aunque habría sido interesante reforzar la sensación de impacto durante los combates.

La variedad de enemigos y escenarios recibe una mejora considerable gracias a la presencia de los cuatro dioses del Caos y la Legión Negra. Esto permite recorrer lugares muy diferentes, desde instalaciones submarinas hasta pantanos de Nurgle y fortalezas dedicadas a Khorne. Cada zona tiene una identidad visual propia y contribuye a que la campaña no se sienta completamente uniforme. Sin embargo, la estructura de los niveles es bastante similar durante buena parte del recorrido: buscamos llaves, activamos mecanismos, abrimos puertas y eliminamos oleadas de enemigos en áreas cerradas antes de continuar. En ocasiones aparecen pequeños desafíos contrarreloj y al final de cada región nos espera un enfrentamiento contra un jefe. La campaña es mayormente lineal, con unas pocas decisiones que permiten elegir entre dos misiones, aunque estas no modifican la historia. El diseño de escenarios ofrece variedad visual, pero no siempre consigue trasladarla a las mecánicas.
También existen coleccionables, sellos y secretos repartidos por los escenarios, aunque su búsqueda resulta principalmente opcional. Podemos activar un marcador que indica el camino hacia el siguiente objetivo, algo útil para evitar perder tiempo, pero seguirlo constantemente implica dejar atrás buena parte de los elementos secundarios. No existe una progresión general compleja ni un sistema de habilidades que permita desarrollar configuraciones elaboradas: las nuevas armas se incorporan conforme avanzamos en la campaña. La dificultad ofrece cuatro niveles, desde una experiencia más accesible hasta Exterminatus, pero incluso la dificultad intermedia puede resultar bastante exigente. La razón principal está en la cantidad de enemigos que aparecen simultáneamente, especialmente durante las zonas cerradas donde debemos resistir varias oleadas. Curiosamente, algunos jefes pueden resultar menos peligrosos que esos enfrentamientos multitudinarios. La presión de los grupos numerosos es uno de los principales retos de la aventura, aunque también puede generar situaciones bastante caóticas.