La entrega presenta su mayor fortaleza en la jugabilidad, donde consigue ofrecer la experiencia más sólida que ha tenido la franquicia en los últimos años. Lejos de introducir cambios radicales o reinventar sus bases, el avance se apoya en un ajuste mucho más fino de los sistemas existentes, logrando que todo funcione con mayor coherencia. Esta decisión se traduce en una experiencia más accesible desde el primer contacto, reduciendo la fricción inicial sin sacrificar la profundidad que exige dominar cada mecánica. La curva de aprendizaje, aunque sigue presente, se siente más equilibrada y permite que el jugador evolucione de forma natural hacia movimientos más complejos sin el desgaste que caracterizaba a entregas anteriores.

Uno de los aspectos más notorios es la fluidez con la que se desarrollan los combates. La acción se percibe más ordenada y con una lógica interna mejor definida, evitando esa sensación de caos o desconexión que antes podía romper el ritmo de los enfrentamientos. La inmediatez en la respuesta de los controles aporta una mayor sensación de control, haciendo que cada intercambio tenga peso y continuidad. Sin embargo, este progreso no logra ocultar por completo ciertas limitaciones estructurales que arrastra la saga desde hace tiempo. En especial, la interacción con objetos del entorno sigue siendo poco intuitiva, y cuando los combates se alejan de los formatos tradicionales, vuelven a aparecer problemas que afectan la precisión y el control del jugador. Esto resulta especialmente evidente en estipulaciones más complejas, donde la experiencia puede volverse inconsistente.

En el apartado visual, el juego apuesta por reforzar la fidelidad de sus principales figuras, alcanzando en algunos casos un nivel de detalle cercano al realismo. No obstante, esta calidad no se mantiene de forma uniforme en todo el plantel, generando un contraste evidente entre las superestrellas más reconocidas y otros luchadores con modelos menos trabajados. Esta falta de homogeneidad también se traslada a las animaciones, donde conviven movimientos pulidos con otros que evidencian su antigüedad. Aun así, el motor físico muestra una mejora clara, reduciendo errores técnicos y ofreciendo interacciones más estables, lo que contribuye a una experiencia más confiable en general. El apartado sonoro, por su parte, se mantiene como uno de los puntos más consistentes, acompañando la acción con gran eficacia.

En cuanto al contenido, la cantidad de modos disponibles sigue siendo uno de los pilares de la propuesta, ofreciendo una variedad que garantiza muchas horas de juego. Sin embargo, esta abundancia también plantea dudas sobre su verdadera utilidad, ya que no todas las modalidades logran el mismo nivel de interés. Algunas de ellas, como las experiencias más guiadas o centradas en recrear momentos específicos, terminan sintiéndose restrictivas y poco dinámicas, limitando la libertad del jugador. En contraste, otras propuestas más abiertas destacan por ofrecer mayor flexibilidad y un desarrollo más atractivo, especialmente aquellas que introducen elementos narrativos más amplios o decisiones que afectan el progreso.

El nivel de personalización continúa siendo extremadamente profundo, permitiendo modificar prácticamente cualquier aspecto del espectáculo. Si bien esta libertad puede resultar atractiva para una parte del público, también da la sensación de que se ha llevado demasiado lejos, desviando recursos hacia elementos que no necesariamente enriquecen la esencia jugable. Una reducción en este apartado podría liberar margen para mejorar aspectos más centrales de la experiencia, especialmente aquellos relacionados con la consistencia del sistema de combate y las animaciones.
Por último, el modelo de contenido adicional introduce un cambio significativo en la forma de acceder a nuevos elementos. En lugar de ofrecer desbloqueos directos, se opta por un sistema progresivo que obliga a cumplir objetivos dentro del juego. Aunque esta decisión busca fomentar la exploración de distintas modalidades, también puede generar rechazo al condicionar el acceso a contenido ya adquirido. A esto se suma una limitación importante relacionada con la naturaleza anual de la franquicia, ya que todo el progreso acumulado pierde relevancia con la llegada de la siguiente entrega. Esta falta de continuidad plantea dudas sobre el valor real de invertir tiempo y dinero en este sistema.