Graphite es un RPG roguelike que destaca desde el primer momento por una propuesta artística y narrativa poco convencional. La aventura transcurre dentro de las páginas de un cuaderno infantil, donde héroes, monstruos y escenarios dibujados a mano cobran vida. Esta idea no se limita a ser un recurso visual atractivo, sino que forma parte esencial de la identidad del juego, ya que convierte la imaginación infantil en el escenario de una historia que poco a poco revela temas mucho más profundos. La aventura gira alrededor de siete héroes diferentes que creen estar destinados a salvar su mundo de una gran catástrofe. Bajo la guía de una misteriosa figura conocida como El Escriba, los protagonistas comienzan a descubrir que su existencia es mucho más compleja de lo que imaginaban. Cada personaje representa distintos aspectos de las emociones y personalidad de su creador, lo que permite que conceptos como la esperanza, el miedo, la pérdida, la inseguridad y el valor formen parte natural de la historia. Esta combinación consigue darle al argumento una personalidad bastante particular y hace que los personajes tengan un peso importante dentro de la experiencia.

El sistema de combate es uno de los elementos más interesantes. En lugar de limitarse a los tradicionales turnos en los que simplemente se elige una acción y se espera el siguiente movimiento, Graphite utiliza una línea temporal que permite planificar el orden de las acciones. Cada decisión puede modificar el desarrollo de los siguientes turnos, por lo que anticiparse a los movimientos enemigos resulta fundamental. Además, es posible interrumpir determinadas acciones mediante ataques ejecutados en el momento adecuado, generando oportunidades para controlar el ritmo de los enfrentamientos. A esto se suma una considerable variedad de habilidades, artefactos y combinaciones que permiten construir equipos muy diferentes. Los artefactos pueden generar sinergias especialmente poderosas y experimentar con ellos es una de las partes más divertidas del juego. Es posible pasar de una configuración relativamente modesta a una auténtica máquina de destrucción en cuestión de minutos cuando se consigue una buena combinación. Esa volatilidad también afecta a los enemigos, que pueden parecer completamente inofensivos durante una partida y convertirse de repente en una amenaza capaz de eliminar a un personaje en un solo turno. Aunque puede resultar algo brusco, este comportamiento encaja bastante bien con la naturaleza roguelike y mantiene cierta tensión durante las partidas.

La progresión también ofrece bastante libertad gracias a un sistema de dificultad muy flexible. El juego permite modificar numerosos parámetros de las partidas y asigna un nivel de dificultad a cada modificación, haciendo posible crear experiencias extremadamente sencillas o prácticamente imposibles. Es una idea interesante para quienes disfrutan ajustando la experiencia a su propio gusto, aunque también puede convertirse en un arma de doble filo. La falta de una referencia clara sobre qué nivel debería utilizarse hace que la dificultad termine dependiendo demasiado del personaje elegido. Precisamente el equilibrio entre los héroes es uno de los aspectos que más margen de mejora tiene. Algunos personajes resultan considerablemente más poderosos que otros, especialmente el Cazador, que puede llegar a superar ampliamente al resto en determinadas configuraciones. Esto provoca una situación curiosa: en lugar de adaptar la dificultad a la habilidad del jugador, en ocasiones parece necesario modificarla dependiendo del héroe utilizado. Para quienes quieran completar el juego con todos los personajes, esta diferencia puede terminar reduciendo la motivación, ya que obliga a buscar un nivel de dificultad que funcione razonablemente bien para los personajes menos eficientes.

El sistema de Tarot también resulta interesante sobre el papel. Durante las expediciones existe la posibilidad de elegir eventos en lugar de enfrentamientos, creando una especie de apuesta entre seguridad y recompensa. Sin embargo, la recompensa de estos eventos no siempre parece estar a la altura del riesgo o de lo que se obtiene mediante los combates normales. Algunas cartas ofrecen resultados interesantes, pero otras terminan siendo poco útiles o incluso perjudiciales, por lo que en determinadas circunstancias resulta más conveniente simplemente continuar luchando. Es una mecánica con mucho potencial, aunque necesitaría un mejor equilibrio para convertirse en una alternativa realmente atractiva. Fuera del combate, Graphite incorpora eventos narrativos y decisiones que ayudan a diferenciar cada partida. Las elecciones pueden modificar determinadas situaciones, mientras que los personajes que acompañan al jugador, los artefactos obtenidos y las decisiones anteriores influyen en el desarrollo de la aventura. Esto hace que la narrativa no se sienta completamente separada de la estructura roguelike y ofrece motivos para volver a jugar con diferentes combinaciones.

Los personajes son otro de los puntos fuertes. Cada héroe tiene una personalidad y unas características propias, además de actividades particulares durante los momentos de descanso. El sistema de campamento resulta especialmente agradable porque permite conocer mejor a los protagonistas mientras se desarrollan sus habilidades. El diseño visual también ayuda mucho: desde las ilustraciones en escala de grises hasta los dibujos deliberadamente sencillos, todo mantiene una apariencia que parece sacada directamente de un cuaderno de bocetos. La dirección artística es probablemente el elemento que más fácilmente consigue distinguir a Graphite de otros RPG independientes. El aspecto dibujado a mano no solo resulta atractivo, sino que está perfectamente integrado con el concepto narrativo. Los enemigos también presentan una variedad considerable y, aunque siempre habría espacio para incorporar más diseños, existe suficiente personalidad visual como para que los enfrentamientos no terminen sintiéndose genéricos.
En términos de rendimiento, la experiencia resulta bastante sólida. Incluso con una gran cantidad de artefactos y elementos apareciendo durante las partidas, el juego mantiene un comportamiento estable. El apartado técnico no parece ser un obstáculo importante y permite concentrarse en las decisiones, los combates y la construcción de configuraciones. El principal problema de Graphite está en que algunas de sus mejores ideas todavía no están completamente equilibradas. La enorme libertad para configurar la dificultad es atractiva, pero pierde parte de su valor cuando existen diferencias tan marcadas entre los héroes. Del mismo modo, el sistema de Tarot necesita incentivos más convincentes y algunos elementos narrativos dejan la sensación de que todavía podrían desarrollarse mucho más. La historia resulta interesante y plantea preguntas sobre El Escriba y el verdadero significado de este mundo, pero no siempre deja claro cuánto más hay por descubrir después de completar determinados objetivos.