En 2016 Konami dejó a muchos con el corazón en la boca cuando presentó un tráiler con escenas de Metal Gear Solid 3: Snake Eater recreadas en el Fox Engine. El sueño de un remake parecía hacerse realidad, pero la ilusión se desvaneció al descubrir que era solo material promocional para máquinas de pachinko. Desde entonces, la compañía se mantuvo en silencio en cuanto a proyectos importantes, limitándose a colecciones y experimentos menores. Casi una década después, ese silencio se rompe con Metal Gear Solid Δ: Snake Eater, una apuesta que busca recuperar la esencia del clásico de 2004 sin alterar su legado.

Mientras Silent Hill 2 Remake eligió reinterpretar su historia con cambios notorios, Delta toma el camino opuesto: mantenerse fiel a la obra de Hideo Kojima, modernizando gráficos y mecánicas, pero respetando la trama original al milímetro. La historia nos sitúa en plena Guerra Fría, con un joven agente de la CIA —Jack, alias Naked Snake— enviado a la selva soviética para rescatar al científico Nikolai Sokolov y detener los planes del colonnello Volgin. La misión pronto se convierte en algo mucho más personal, al enfrentarse a su mentora, The Boss, en una de las narrativas más memorables que ha dado el medio. Espionaje, traición, sacrificio y patriotismo se entrelazan en un relato que sigue siendo tan vigente hoy como hace 21 años.

El salto técnico es innegable. Gracias a Unreal Engine 5, la selva de Tselinoyarsk luce densa, vibrante y peligrosa, con fauna y vegetación que reaccionan de manera realista. Además, se han actualizado las físicas, los efectos de iluminación y el sonido 3D, que conserva las voces originales remasterizadas. El resultado es una experiencia inmersiva que rivaliza con producciones actuales como Death Stranding 2. En lo jugable, el remake ofrece dos configuraciones: la clásica, para revivir la experiencia de PS2 con cámara fija y controles originales, y la moderna, con perspectiva en tercera persona al estilo The Phantom Pain, mucho más fluida y natural. Se mantienen las mecánicas de supervivencia —cazar, curar heridas, usar camuflajes— pero con accesos más rápidos e intuitivos.
Además, se han añadido detalles como cicatrices permanentes en Snake, ropa dañada y una mayor interacción con el entorno y los enemigos. Sin embargo, no todo es perfecto. La estructura por zonas pequeñas, heredada de PS2, puede sentirse anticuada frente a los estándares de 2025. También se echan en falta enemigos más dinámicos o escenarios con mayor complejidad estratégica. Son puntos que no empañan la experiencia, pero sí dejan claro que Konami optó por la preservación antes que por la reinvención.