Omen es una propuesta que sorprende principalmente por lo bien que funciona como una experiencia breve y directa. La fórmula combina disparos, saqueo, exploración de sistemas y personalización de naves en partidas que, por lo general, duran apenas unos minutos. Es un planteamiento perfecto para jugar durante sesiones cortas, aunque también tiene ese peligroso efecto de “una misión más” que puede terminar alargando bastante la partida. La estructura recuerda a una versión mucho más accesible de los juegos de extracción y los roguelite. Cada incursión nos lleva a distintos sistemas donde debemos localizar puntos de interés, enfrentarnos a enemigos, conseguir recursos y planos, completar objetivos sencillos y encontrar una ruta de extracción antes de que aparezcan refuerzos mucho más peligrosos. Las partidas tienen un límite aproximado de entre tres y seis minutos, por lo que nunca llegan a sentirse como expediciones excesivamente largas. Además, la distribución de enemigos, puntos de interés, amenazas y planos disponibles presenta cierta variación entre incursiones, suficiente para aportar variedad sin convertir cada partida en una experiencia completamente impredecible.

Uno de los sistemas más interesantes aparece precisamente cuando las cosas salen mal. Si perdemos una nave durante una incursión, nuestro equipamiento y recursos no desaparecen inmediatamente, sino que permanecen en el lugar donde fuimos destruidos. Esto permite regresar en una nueva partida para intentar recuperarlos, mientras que la pérdida realmente permanente es el propio casco de la nave. Es una mecánica que añade tensión de una manera bastante inteligente: perder tu mejor nave puede convertirse en el inicio de una misión de rescate en la que tendremos que arreglárnoslas con una nave mucho peor para recuperar todo lo anterior. Es un pequeño detalle que hace que las derrotas tengan consecuencias, pero sin resultar excesivamente castigadoras. El combate es probablemente uno de los aspectos más satisfactorios de Omen. El control de las naves responde con rapidez y las armas tienen una sensación contundente al disparar. Los enfrentamientos pueden volverse bastante frenéticos, llegando en determinados momentos a recordar a un bullet hell, pero sin exigir el nivel de precisión y conocimiento que normalmente encontramos en los extraction shooters competitivos. Los enemigos presentan diferencias suficientes para obligarnos a adaptar nuestro equipamiento, aunque tampoco estamos ante un sistema de combate especialmente complejo.

La personalización de las naves ayuda bastante a mantener el interés. Existen diferentes cascos y configuraciones, junto con varias armas y herramientas que modifican considerablemente la forma de enfrentarse a determinadas situaciones. Cada nave dispone de espacios para equipamiento y las combinaciones permiten experimentar con diferentes estilos de juego. No hay una cantidad enorme de contenido, pero sí suficiente variedad para pasar buena parte de la campaña probando configuraciones distintas y buscando aquella que mejor se adapte a nuestra forma de jugar. También resulta acertado que los planos disponibles en las distintas misiones sean visibles antes de comenzar una incursión. Como la selección cambia posteriormente, es muy fácil terminar pensando que merece la pena realizar “una misión más” para conseguir ese plano que podría mejorar nuestra configuración. Es un recurso sencillo, pero funciona muy bien como incentivo para continuar jugando. El apartado audiovisual es otro de los grandes atractivos de Omen. La estética presenta un universo espacial oscuro, decadente y misterioso, acompañado de una ambientación sonora que consigue transmitir bastante bien la sensación de encontrarnos en los restos de una civilización espacial.

El contexto presenta una especie de escenario posapocalíptico en el que varias facciones sobreviven entre los restos de una antigua civilización mientras intentan hacer frente a una amenaza de dimensiones mucho mayores. No es precisamente la premisa de ciencia ficción más original que existe, pero sí tiene suficiente personalidad para evitar sentirse como otro universo espacial genérico. La narrativa, sin embargo, no termina de aprovechar completamente ese potencial. Hay información interesante sobre el mundo y las facciones, pero la manera en que se presenta no siempre resulta especialmente cómoda o profunda. Buena parte de la ambientación termina dependiendo de los escenarios, los enemigos y los acontecimientos que encontramos durante las misiones, más que de una historia especialmente desarrollada. Para quienes busquen una aventura espacial centrada en el misterio y la exploración narrativa, esto puede resultar decepcionante. Y precisamente la exploración es uno de los puntos donde más se nota que Omen apuesta por una experiencia muy concreta. Las incursiones están diseñadas alrededor de objetivos marcados, combates, saqueo y extracción. No existe demasiado espacio para perderse descubriendo secretos, comerciando, interactuando con diferentes personajes o encontrando sistemas completamente desconocidos.
La dificultad presenta algunos altibajos. En determinados momentos aparecen picos que pueden sentirse más injustos que desafiantes, mientras que ciertas misiones tampoco explican claramente qué debemos hacer para avanzar. Esto puede llevar a repetir varias incursiones simplemente para descubrir dónde se encuentra el siguiente objetivo o qué condición debemos cumplir. Aun así, el precio y la duración del juego hacen que sea una carencia relativamente fácil de aceptar. En términos técnicos, el rendimiento puede presentar algunos problemas puntuales, especialmente durante la carga de nuevas zonas, aunque las actualizaciones posteriores han mejorado considerablemente este aspecto. En general, no parece ser un problema que arruine la experiencia, pero todavía hay margen para optimizar la transición entre áreas y conseguir una experiencia más estable.