Theropods es una aventura point-and-click que llama la atención desde su premisa: una joven guerrera perteneciente a una tribu prehistórica termina uniendo fuerzas con una misteriosa astronauta cuyo vehículo se ha estrellado en las inmediaciones. En un mundo dominado por dinosaurios, tribus hostiles y peligros constantes, ambas tendrán que dejar atrás sus diferencias para emprender un viaje que las llevará por bosques, cavernas, pantanos, montañas y otros escenarios prehistóricos. Es una combinación poco habitual y, sobre todo, muy difícil de encontrar dentro del género. La historia apuesta por una narrativa completamente visual. Las protagonistas no hablan ningún idioma reconocible y tampoco contamos con diálogos tradicionales o subtítulos que expliquen constantemente lo que ocurre. En su lugar, las expresiones, las animaciones, las situaciones y las escenas intermedias se encargan de transmitir la mayor parte de la historia.

El contraste entre las dos protagonistas es uno de los mayores atractivos. Por un lado tenemos a una guerrera que ha crecido en un entorno dominado por los dinosaurios y que carga con la pérdida de su madre, mientras que por otro aparece una mujer procedente de un contexto completamente diferente que termina atrapada en este mundo tras el accidente de su nave. La relación que construyen durante la aventura es uno de los aspectos más agradables de la historia, especialmente porque la cooperación entre ambas se refleja también en las propias mecánicas. Los rompecabezas siguen las reglas tradicionales del point-and-click. Hay que explorar pequeñas localizaciones, recoger objetos, combinarlos en el inventario y descubrir dónde pueden utilizarse. También podemos alternar entre las dos protagonistas y pasarles objetos cuando sea necesario, mientras que en determinados momentos contamos con la ayuda de personajes secundarios o de un pequeño robot. La estructura está dividida en seis capítulos, normalmente bastante concentrados en una o dos grandes situaciones y varios objetos que debemos utilizar correctamente.

La dificultad de los puzles es bastante irregular. Algunos planteamientos resultan intuitivos y se resuelven prácticamente en cuanto entendemos qué pretende el juego, mientras que otros requieren detenerse un momento y probar diferentes posibilidades. El problema es que la mayoría de las situaciones tienen una única solución bastante concreta y, en ocasiones, podemos avanzar simplemente probando interacciones hasta acertar. Se echa en falta una mayor libertad para combinar objetos o provocar resultados diferentes, algo que habría aportado más profundidad a las pequeñas escenas que componen la aventura. También hay algunos rompecabezas cuya solución puede sentirse un poco repetitiva. En determinados momentos debemos realizar varias veces la misma acción sobre un objeto del escenario para conseguir que finalmente ocurra lo que necesitamos, algo que termina siendo más mecánico que ingenioso. No arruina la experiencia, pero sí evidencia que el diseño de puzles podría haber tenido algo más de variedad.

Donde Theropods realmente brilla es en su apartado artístico. El pixel art tiene muchísimo encanto y consigue representar un mundo prehistórico que puede resultar sorprendentemente bonito. Hay escenarios realmente llamativos, y el trabajo de iluminación, las animaciones y los efectos consiguen que la estética pixelada no se sienta como una simple elección nostálgica. La banda sonora también acompaña muy bien la aventura, combinando sonidos tribales con elementos de ciencia ficción que encajan especialmente bien con el contraste entre las dos protagonistas. La violencia y el peligro, además, están bastante presentes. Este no es un mundo prehistórico idealizado: hay dinosaurios que pueden acabar con las protagonistas, tribus agresivas y situaciones bastante sangrientas. Sin necesidad de convertir la violencia en el único atractivo, el juego aprovecha esa crudeza para transmitir que sobrevivir en este entorno no es precisamente sencillo.
El principal problema de Theropods es su duración. Dependiendo del ritmo del jugador, puede completarse aproximadamente en dos o tres horas, aunque algunos jugadores pueden alargar la experiencia algo más si exploran todo con calma. Lo cierto es que esas pocas horas están bastante concentradas y rara vez da la sensación de que el juego esté alargando artificialmente su propuesta, pero sigue siendo una aventura muy breve. Y cuando se tiene en cuenta su precio, la relación entre contenido y coste puede resultar difícil de justificar para algunos jugadores. También hay pequeños problemas de comodidad. El inventario ocupa una parte considerable de la pantalla y, en ocasiones, mover rápidamente un objeto hasta el lugar correcto puede resultar algo incómodo. Son detalles menores, pero en un género donde pasar buena parte del tiempo manipulando objetos y buscando interacciones, este tipo de cuestiones terminan notándose.